La Creación

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viernes, 1 de abril de 2011

Los Dos Pasteles del Orsay

El Museo d'Orsay es, sin duda, una de mis pinacotecas favoritas. Engloba gran parte de la pintura impresionista más importante de esa fantástica vertiente de arte, además de Escultura (La mujer picada por una serpiente, de Jean-Baptiste; Joven bailarina, de Edgar Degas; La puerta del Infierno en yeso y El hombre que camina, los dos de Auguste Rodin, y una larga lista de maravillosas obras más). Además también presume de tener una colección única en Artes decorativas, Arquitectura y Fotografía.

El museo está instalado en una antigua estación construida en 1900 por el arquitecto Victor Laloux. Inaugurado en 1986. Se sitúa en el centro de París, a orillas del Sena, en el barrio de faubourg Saint-Germain, frente al jardín de las Tullerías, con el Louvre a la derecha y más allá, tras los puentes, la silueta del Grand Palais.

Con respecto a la pintura, hablamos de los maestros del impresionismo (Manet, Renoir, Monet, Bazille, Degas, Cézanne, Van Gogh, y muchos más), del neoimpresionismo (Georges Seurat, Signac, Matisse, Toulouse-Lautrec, Rousseau, Gauguin, Émile Bernard, etc.), naturalismo (León Bonnat, Édouard Detaille, Jules Bastien-Lepage, Valentin Alexandrovitch Serov...) y el simbolismo (Gustave Moreau, Odilon Redon, Fernand Khnopff, Winslow Homer y muchos más). También del ingrismo y el romanticismo (Jean-Auguste-Dominique Ingres y Eugène Delacroix, respectivamente, ambos del siglo XIX, son representantes de un estilo peculiar, a caballo entre lo clásico y innovador. Ingres realzaba las curvas femeninas haciendo líneas onduladas perfectas, aportando realismo al mismo tiempo. Delacroix supo fundir los colores intensos y crear armonía. Yo destacaría, en el Orsay, La fuente, de Ingres, y La caza de los leones, de Delacroix), incluso del realismo y orientalismo. Podría seguir citando estilos y pintores hasta la noche...

Pero yo quería centrar esta entrada (ya, algo extensa), en dos cuadros realizados con el mismo material que me cortaron la respiración cuando tuve el privilegio de caminar por esos pasillos. Se trata de la técnica del pastel. El pastel es un material denso que no necesita diluyentes, es rápido y fácil de usar, aunque no por ello dibujar a pastel resulta tarea fácil, de hecho, se trata, en mi humilde opinión, de una técnica frágil que precisa mucha minuciosidad y un gran talento. Desde bien pequeña ya me resultaba laborioso utilizarlos y por ello admiraba (y admiro) tanto el trabajo que conllevan. No es una técnica común, no es que no sea conocida, sino que pocas obras conocidas de los grandes pintores se realizaron a pastel.


Degas (1834-1917):

Bailarinas (Pastel de 75x73cm)

Maestro en todas las técnicas (óleo, mina de plomo, lápiz, acuarela, carboncillo), Degas enriqueció la del pastel combinándola o uniéndola a otras.

Desde 1869, esta técnica se impondría en la su obra, tras una estancia en Boulogne donde pintó una serie de marinas. Durante los años 1873-1878, sus investigaciones tuvieron principalmente por objeto el París nocturno, los cafés y los lupanares, así como los espectáculos de ballet y ópera.

Este cuadro en concreto entró en el Orsay en 1997, muy importante para la vida del artista. Degas alternaba cada pasada de pastel con zonas en las que se deja ver el papel, con color gris destacó la tristeza de esa pequeña sala donde las bailarinas se ponían a punto.



Manet (1832-1883):
                                                                                                   Retrato de Irma Brunner o La mujer del                 sombrero negro (Pastel de 54x46cm)
El pastel más exquisito de todos los que he visto. Será por lo que admiro un buen retrato o por la sencillez que hay en sus trazos, la claridad de su piel, que resalta aún más esos labios rojos... y por supuesto, su sombrero majestuosamente colocado en su cabello color azabache...

Desde mediados de los años setenta, por motivos de salud, Manet se dedicó cada vez más a ejecutar retratos femeninos en la técnica del pastel. Posan para él sobre todo sus amigas, a quienes fascinaba el modo en que el artista captaba su imagen.

El retrato de Irma Brunner, que le había sido presentada por una conocida común, es uno de los más espectaculares. Su perfil tan delicado evoca a las damas del Renacimiento italiano. Aprovechando a fondo el efecto aterciopelado y difuminado del pastel, Manet juega con contrastes del tono. Ejecuta el equilibrio perfecto entre la figura luminosa y el fondo neutro.



También es importante decir que la pintura de Manet resaltaba la belleza sofisticada de sus modelos, mientras que Degas pretendía indagar en lo más profundo del alma de sus personajes.

2 comentarios:

  1. Estos dos pasteles son un postre delicioso... Casi tanto como el suculento plato fuerte que constituye el gran texto que has escrito.
    ¡Me encanta Manet!
    Gracias por este alimento para el alma, y un cariñoso saludo.

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  2. ¡Me alegra que le guste!

    Comparto con usted la admiración por estos dos pasteles. Curiosamente el Orsay ofrece pocos pasteles, y es genial que se expongan dos muestras tan contrarias en el mensaje y tan semejantes en valor y en relevancia. Era eso mismo lo que quería resaltar con esta entrada.

    Descubrí a Manet sin querer, como quien dice. El primer cuadro del autor que me llamó la atención fue Olimpia. A partir de ese lienzo comencé a interesarme por su pintura y hasta hoy... que se ha convertido en uno de mis favoritos (reconozco que tengo muchos).

    Un abrazo.

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