La Creación

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sábado, 22 de octubre de 2011

Un concurso de elite sobre bronce en Florencia

Después de mucho, mucho tiempo, vuelvo a escribir en "Mucho Viaje, Mucho Arte". Y como no podía ser menos vuelvo a dedicarle mi tiempo a Italia, especialmente a la Toscana, me refiero a Florencia.

Hace unos cuantos años tuve el placer de pasear por sus calles. No pude entrar en la Galería de los Ufizzi ni en la Galería de la Academia ni en el Museo del Bargello, lo que me causó un trauma que solamente superaré cuando, con motivo del paso del ecuador de la carrera (¡quién me diría cuando fui por primera vez que llegaría a tercero de Medicina!), haré un viaje con mis compañeros en crucero por el Mediterráneo y uno de sus destinos es la ciudad del Renacimiento por excelencia, Florencia.

Podría estar buscando información acerca de monumentos, palacios, capillas, iglesias, galerías, puentes... durante años y no terminaría nunca de descubrir algo nuevo sobre el Arte en Florencia. Así que hoy me quiero centrar en un detalle básico y de una exquisitez majestuosa que se encuentra en el Baptisterio de Florencia: la Puerta del Paraíso de Lorenzo Ghiberti.

Puerta del Paraíso. Bronce dorado.
 Lorenzo Ghiberti . Terminadas en 1452.
El pequeño edificio octogonal, con sus fuentes bautismales en el centro, tiene tres fachadas: una delante de la catedral y dos más, una a cada lado; en su pared posterior está el ábside con el altar, excavado en el grueso del muro. Estas tres fachadas tienen cada una su respectiva puerta de bronce; las primeras son las elaboradas por Andrea Pisano.

De las puertas de Andrea Pisano hay que destacar al Bautista, que era uno de los santos protectores de Florencia y se convirtió en uno de los plafones más bonitos de las puertas; por esto el pequeño baptisterio octogonal, con su cúpula decorada todavía con mosaicos bizantinos, para el que Andrea Pisano había fundido ya las citadas puertas de bronce, era como una especie de santuario nacional.

No olvidemos que faltaban todavía dos puertas más.

Yo querría profundizar en una anécdota: No fue casualidad que Ghiberti esculpiera las puertas que faltaban para completar el Baptisterio...

En 1401 cuando los mercaderes de Florencia se propusieron terminar la decoración de San Giovanni, abrieron un concurso, en el que tomaron parte siete escultores, todos ellos toscanos: Brunelleschi (arquitecto de la cúpula del Duomo y de numerosos edificios en Florencia, pero eso es otro tema), Ghiberti, Jacopo della Quercia, Simone da Colle, Francesco Valdambrino, Nicolò d'Arezzo y Nicolò di Pietro Lamberti.

El tema que se les propuso fue el Sacrificio de Isaac por su padre Abraham, un motivo del Antiguo Testamento. Se les proporcionó el bronce necesario y un año para terminarlo. Todos debían realizar un plafón de las mismas dimensiones que los de Andrea Pisano en las puertas antiguas.

En 1402, al fin se hizo público el fallo del jurado: quedaron dos finalistas, Brunelleschi y Ghiberti. Ganó Ghiberti, aunque la experiencia de Brunelleschi se podía vislumbrar en su maravilloso trabajo, resultó ser demasiado dramático y mucho más complicado, ya que constaba de varias piezas que se unían a la placa de bronce principal y ello conllevaría más tiempo en terminar la puerta completa, por ello no gustó al jurado, sin embargo, como opinión personal he de decir que su obra era mucho más fina y poseía una composición lógica en la que todas las figuras forman un conjunto armonizador que le da movimiento a la escena, algo de lo que carecía la de Ghiberti, que la realizó con tan solo veinte años de edad. Con el tiempo el joven Ghiberti se convertiría en uno de los mejores escultores del siglo XV. Los autores del libro del que tomo la información afirman que la composición de Ghiberti es maravillosa, que muestra la disciplina de los años que el autor pasó estudiando en el taller de su padrastro, un gran platero. Fue la pulcritud de la fundición lo que llevó a los 34 jueces a su firme decisión. Al parecer también se habla de una victoria compartida con Brunelleschi, pero que fue el flamante arquitecto quien se negó a trabajar con Ghiberti.

Ghiberti se familiarizó con el arte y la técnica de fundición y consiguió sorprender a Florencia, haciéndose cada vez más famoso y ganándose el respeto de todos los escultores toscanos. Fue así como, cuando terminó las puertas, se le encargó sin más la tercera y última, su obra maestra, en 1424.

La tercera puerta corresponde al lado oriental del baptisterio y está dedicada al Antiguo Testamento, con diez recuadros pequeños, pero lo suficientemente grandes para que Ghiberti, convertido ya en un maestro, fuese capaz de esculpir y fundir incluso 100 figuras en un solo plafón sin perder el más mínimo detalle y con una perspectiva insólita, que él describía en sus escritos como "En diferentes planos, las figuras más cercanas son mayores; las de más lejos disminuyen de tamaño a los ojos, como pasa en la naturaleza".

Llaman la atención los fondos de las escenas, que dan una sensación de profundidad y espacio realmente sobrecogedores, donde se perciben incluso las formas difuminadas de los elementos más lejanos, fruto del efecto de la atmósfera sobre ellas.

Fueron terminadas en 1452, tras más de veinticinco años. Las puertas fueron colocadas con sus respectivos marcos donde habían estado las de Andrea Pisano, con escenas de la vida de San Juan, en la fachada delante de la catedral. Aún hoy son llamadas por el pueblo las puertas del Paraíso, puede que por la escena de la Creación o por la frase de Miguel Ángel, quien según Vasari dijo "fermatosi a veder questo lavoro e domandato quel che glie ne paresse...ripose: - Elle son tanto belle qhe elle starebben benne alle porte del Paradiso..."  Creo que no hace falta la traducción.

Puerta sur del Baptisterio, detalle de Andrea Pisano.
El Bautismo de Cristo
Izquierda: Plafón de concurso. Sacrificio de Isaac de Brunelleschi (Museo del Bargello, Florencia)
Derecha: Plafón de concurso. Ganó. Sacrificio de Isaac de Ghiberti (Museo del Bargello, Florencia)   

jueves, 21 de abril de 2011

Arte Islámico del Museo Británico

Nuestros antecedentes históricos nos obligan (moralmente) a conocer hoy lo básico de la cultura islámica. Seguramente todos los andaluces a lo largo de nuestra vida hayamos pisado o, simplemente observado, algún lugar construido por esta cultura tan elegante y rica en todos lo sentidos, desde lo artístico hasta lo científico. Por ello y porque me apasiona el arte árabe he decidido hacer una entrada dedicada a sus obras de arte expuestas en uno de los museos más prestigiosos del mundo, el Museo Británico de Londres.

La historia del islam comenzó en Arabia en el año 622 d.C., cuando el profeta Mahoma emigró de la Meca a Medina y estableció una comunidad de creyentes.Tras su muerte el liderazgo de la comunicad islámica pasó a una serie de califas hasta llegar al primo del profeta, Alí, y de él a otra rama de la familia, la dinastía Omeya. Los Omeya gobernaron en Damasco hasta mediados del siglo VIII, cuando fueron derrotados por los abasíes de Bagdad. Ya por entonces el mundo islámico se extendía por Afganistán, Irán e Irak, Siria, Egipto y desde la costa norte de África hasta el oeste de España. Se construyeron mezquitas y universidades como centros de enseñanza del islam.

Los conquistadores árabes respetaban mucho las culturas preislámicas, como los antiguos reinos semíticos de Saba, Qatabán y Hadrumat. Los eruditos árabes e iraníes preservaron, tradujeron y copiaron los manuscritos matemáticos y científicos griegos, mientras que la Europa medieval los ignoró.

El mundo islámico desarrolló características comunes, como la lengua del Corán, el árabe. La caligrafía adquirió una importancia vital, ya que la palabra escrita tenía un gran significado (el Corán era la palabra literal de Dios tal y como se la reveló a Mahoma en árabe, por ello se convirtió en la lengua común). Todo ello hizo que los diseños de cada palabra, aunque fuesen textos minúsculos, se hicieran con gran precisión, esmero y elegancia.

Otra característica fue la falta de figuras humanas y animales en contextos religiosos, que alentó el uso de diseños geográficos y abstractos, incluidos los magníficos motivos de plantas estilizadas conocidos como arabescos.

Hay que destacar también que a partir del siglo IX, el comercio en oriente introdujo las sedas y porcelanas chinas que tendrían un profundo efecto en el diseño textil y cerámico, y en la tecnología. Asimismo, a partir de la segunda mitad del siglo XII los orfebres del este del mundo islámico adoptaron nuevas técnicas de incrustación de objetos de latón con cobre, oro y plata. Se introdujeron nuevas ideas del comercio con Europa, que dieron pie, por ejemplo, a la industria veneciana de vidrio esmaltado y fomentaron el uso de incrustaciones de metales preciosos en recipientes de latón.




Sala 34, "El Mundo Islámico"  21cm x 21cm 
Otomano, cerca de 1550 de Iznik, Turquía moderna.
  
Este conjunto de cuatro azulejos pintados de vivos colores, fue parte de un grupo mucho mayor que abarcaba una gran superficie, como pueden verse hoy en Turquía en el interior de numerosos edificios importantes de la época otomana. Se pueden ver pequeños tallos que se entremezclan con flores y hojas azules sobre un fondo blanco, parecido a la porcelana. La llama roja distintiva es una característica del estilo maduro de la cerámica de Iznik. Su origen es de una tierra roja rica en hierro, se utilizaba también como base para el dorado en tablas de madera. Esta decoración de azulejos se puso de moda durante los años 1550 y 1570 en Estambul.


Sala 34, "Mundo Islámico" 23cm x 21cm
De Siria, 1330-1350, es la Botella del Peregrino

La forma del frasco recuerda a las botellas de agua que se hacían de cuero para los viajeros medievales, siendo plana a un lado (el que se ve) y curva al otro. Sin embargo, es lógico pensar que éste no fuese  fabricado para ser colgado de la montura de un caballo (ya que parece demasiado lujoso), aunque probablemente su producción tuviera como fin la venta a algún peregrino en Tierra Santa. 

Los esmaltes de colores vivos y dorados dan un efecto de lujo, que disfraza la calidad, más bien pobre, del frasco. 




Sala 34 "Mundo Islámico" 45cm  x 76cm
De El Cairo, Egipto, 967 d.C.

Panel de mármol esculpido de un cenotafio. En la estricta doctrina islámica se prohíbe la construcción de tumbas elaboradas, por lo que con frecuencia el difunto era conmemorado con cenotafios.

La majestuosa inscripción cúfica dice "En el Nombre de Dios Misericordioso".









Sala 34 "Mundo Islámico" 21cm (diámetro)
Desde Kashan, Irán, 1187 d.C.

Cuenco de cerámica firmado por Abu Zaid. Fechado 583 por de Muharram (primer mes del año islámico)/ marzo-abril de 1187 d.C.

Es uno de los cinco producidos por el famoso alfarero Abu Zaid en Muharram. Ésta técnica decorativa de cerámica, era considerada un lujo y se llamada mina'i (cerámica esmaltada). Requiere dos fases de cocción en la que algunos de los colores se aplican sobre el vidriado transparente y otros por debajo. Se pueden apreciar ciertos detalles, como por ejemplo, el ciprés y el estanque con peces, característicos del jardín de un noble.



Sala 34 "Mundo Islámico" 2.5cm (diámetro), 7.73gr.

Dinastía Artuqí (en la provincia de Diyarbakir, hoy al sureste de Turquía), 1144-1167 d.C.

Se trata de una serie única de monedas de bronce cuyo origen turcomano data entre los siglos XII-XIII, en una zona conocida como Yazira o "la isla entre el Tigris y el Eufrates". Sus diseños forman parte de una compleja y desigual gama.

Ésta perteneció a un gobernante de la dinastía Artuqí, Fajr al-Din Qara Arslan (reinó durante 1144-1167). A un lado de la moneda se ve la figura de un hombre, mientras que en el reverso aparece una serie de inscripciones, seguramente con motivos religiosos.



Sala 34 "Mundo Islámico" 27.3cm (altura), 44.10 (diámetro) Otomano, 1530-1540 d.C. Turquía.

Cuenco de cerámica procedente de Esminra, Turquía. Fabricado en las famosas alfarerías de Esmirna. Este magnífico cuenco con pie está elaboradamente decorado con flores y hojas pintadas  en color morado, verde, azul y negro, previo al vidriado.

Pudo haber sido utilizado para el lavado de los pies del sultán Solimán II Qanuni, conocido como "el Magnífico". Los motivos que se ven en el exterior son  diferentes de los que posee en la cara interna. Es una bella obra de arte.




Visualizar más piezas de la colección aquí

viernes, 1 de abril de 2011

Los Dos Pasteles del Orsay

El Museo d'Orsay es, sin duda, una de mis pinacotecas favoritas. Engloba gran parte de la pintura impresionista más importante de esa fantástica vertiente de arte, además de Escultura (La mujer picada por una serpiente, de Jean-Baptiste; Joven bailarina, de Edgar Degas; La puerta del Infierno en yeso y El hombre que camina, los dos de Auguste Rodin, y una larga lista de maravillosas obras más). Además también presume de tener una colección única en Artes decorativas, Arquitectura y Fotografía.

El museo está instalado en una antigua estación construida en 1900 por el arquitecto Victor Laloux. Inaugurado en 1986. Se sitúa en el centro de París, a orillas del Sena, en el barrio de faubourg Saint-Germain, frente al jardín de las Tullerías, con el Louvre a la derecha y más allá, tras los puentes, la silueta del Grand Palais.

Con respecto a la pintura, hablamos de los maestros del impresionismo (Manet, Renoir, Monet, Bazille, Degas, Cézanne, Van Gogh, y muchos más), del neoimpresionismo (Georges Seurat, Signac, Matisse, Toulouse-Lautrec, Rousseau, Gauguin, Émile Bernard, etc.), naturalismo (León Bonnat, Édouard Detaille, Jules Bastien-Lepage, Valentin Alexandrovitch Serov...) y el simbolismo (Gustave Moreau, Odilon Redon, Fernand Khnopff, Winslow Homer y muchos más). También del ingrismo y el romanticismo (Jean-Auguste-Dominique Ingres y Eugène Delacroix, respectivamente, ambos del siglo XIX, son representantes de un estilo peculiar, a caballo entre lo clásico y innovador. Ingres realzaba las curvas femeninas haciendo líneas onduladas perfectas, aportando realismo al mismo tiempo. Delacroix supo fundir los colores intensos y crear armonía. Yo destacaría, en el Orsay, La fuente, de Ingres, y La caza de los leones, de Delacroix), incluso del realismo y orientalismo. Podría seguir citando estilos y pintores hasta la noche...

Pero yo quería centrar esta entrada (ya, algo extensa), en dos cuadros realizados con el mismo material que me cortaron la respiración cuando tuve el privilegio de caminar por esos pasillos. Se trata de la técnica del pastel. El pastel es un material denso que no necesita diluyentes, es rápido y fácil de usar, aunque no por ello dibujar a pastel resulta tarea fácil, de hecho, se trata, en mi humilde opinión, de una técnica frágil que precisa mucha minuciosidad y un gran talento. Desde bien pequeña ya me resultaba laborioso utilizarlos y por ello admiraba (y admiro) tanto el trabajo que conllevan. No es una técnica común, no es que no sea conocida, sino que pocas obras conocidas de los grandes pintores se realizaron a pastel.


Degas (1834-1917):

Bailarinas (Pastel de 75x73cm)

Maestro en todas las técnicas (óleo, mina de plomo, lápiz, acuarela, carboncillo), Degas enriqueció la del pastel combinándola o uniéndola a otras.

Desde 1869, esta técnica se impondría en la su obra, tras una estancia en Boulogne donde pintó una serie de marinas. Durante los años 1873-1878, sus investigaciones tuvieron principalmente por objeto el París nocturno, los cafés y los lupanares, así como los espectáculos de ballet y ópera.

Este cuadro en concreto entró en el Orsay en 1997, muy importante para la vida del artista. Degas alternaba cada pasada de pastel con zonas en las que se deja ver el papel, con color gris destacó la tristeza de esa pequeña sala donde las bailarinas se ponían a punto.



Manet (1832-1883):
                                                                                                   Retrato de Irma Brunner o La mujer del                 sombrero negro (Pastel de 54x46cm)
El pastel más exquisito de todos los que he visto. Será por lo que admiro un buen retrato o por la sencillez que hay en sus trazos, la claridad de su piel, que resalta aún más esos labios rojos... y por supuesto, su sombrero majestuosamente colocado en su cabello color azabache...

Desde mediados de los años setenta, por motivos de salud, Manet se dedicó cada vez más a ejecutar retratos femeninos en la técnica del pastel. Posan para él sobre todo sus amigas, a quienes fascinaba el modo en que el artista captaba su imagen.

El retrato de Irma Brunner, que le había sido presentada por una conocida común, es uno de los más espectaculares. Su perfil tan delicado evoca a las damas del Renacimiento italiano. Aprovechando a fondo el efecto aterciopelado y difuminado del pastel, Manet juega con contrastes del tono. Ejecuta el equilibrio perfecto entre la figura luminosa y el fondo neutro.



También es importante decir que la pintura de Manet resaltaba la belleza sofisticada de sus modelos, mientras que Degas pretendía indagar en lo más profundo del alma de sus personajes.

sábado, 12 de febrero de 2011

Museos Vaticanos - Estancias de Rafael

Con motivo de mi vuelta a Roma a principios de Marzo, he querido comenzar mi nuevo blog con uno de los grandes maestros del Renacimiento: Rafael.

La localización geográfica de las obras de Rafael de Urbino es amplia (Alemania, Austria, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña...) aunque la mayor concentración de ellas la encontramos en la península itálica. Muchas obras se exponen en la Galleria Palatina del Palazzo Pitti y en la Galleria degli Uffizi, en Florencia, también varias en la Galleria Borghese, en Roma, o en la Galleria Nacionale delle Marche, en Urbino. Su mayor colección se encuentra en Ciudad del Vaticano, donde se exhiben (con permiso anticipado), sus imprescindibles frescos.

La Estancia de Rafael, Museos Vaticanos

Estas magníficas salas, conocidas como la Stanze o Estancia, fueron la residencia papal entre 1507 y 1585, empezando con el papa della Rovere, Julio II, y terminando con el papa Boncompagni, Gregorio XIII.

Rafael trabajó en las salas desde 1508 hasta su muerte en 1520. Sus alumnos continuaron su labor, que fue finalizada en 1524.

   - La Estancia de Heliodoro:

Ésta fue la antecámara del apartamento privado de Julio II. Las pinturas se realizaron entre 1511 y 1514, inmediatamente después de que Rafael hubiese  entrado en la Capilla Sixtina, donde quedó prendado del vigor de las figuras de Miguel Ángel. Rafael nunca volvería a pintar como antes, renovó su estilo gracias a la perplejidad que sintió ante los frescos de la pequeña caplilla. Puede apreciarse en La Liberación de San Pedro de la Cárcel.

La Liberación de San Pedro de la Cárcel.
Fresco. Base 660cm. 1512



















La Expulsión de Heliodoro del Templo.
Fresco. Base 750cm. 1511


El Milagro de Bolsena.
Fresco.  Base 660cm. 1512


    - La Estancia de la Signatura:

La magnífica sala fue el estudio y biblioteca privada de Julio II. Su nombre está relacionado con el hecho de que, posteriormente, se convirtió en la sede del tribunal de la "Signatura Gratiae et Iustitiae", que se ocupaba de los procedimientos legales y de la concesión de actos de perdón. Aquí se encuentra fresco de mayor fama y del que más adelante se hablará en una nueva entrada La Escuela de Atenas.

La Disputa del Sacramento.
Fresco. Base 770cm. Fines de 1508-1509


La Escuela de Atenas.
Fresco. Base 770cm. 1509


El Parnaso
Fresco. Base 670cm. 1511


   - La Estancia del Incendio del Borgo:

Esta sala era el comedor privado de los papas, donde recibían a su familia y amigos. Fue aquí donde León X, hijo de Lorenzo el Magnífico, invitó a Leonardo Da Vinci en algunas ocasiones para pasar el tiempo conversando amistosamente. Es importante resaltar que los frescos de ésta última estancia fueron en su mayoría realizados ya por los discípulos de Rafael. 


El Incendio del Borgo
Fresco. Base 670cm. 1514

La Transfiguración
Tabla. 405x278cm. 1518-1520